El informe pericial es un documento de prueba en el que un perito judicial, con conocimientos especializados, explica y realiza una reflexión sobre los elementos que existen (adecuación a protocolos de la asistencia dispensada, lesiones, secuelas, posibilidad de recuperación, repercusión laboral) como prueba para fundamentar la resolución de un juez.

El perito médico debe analizar dos aspectos básicos. Por un lado, debe mostrar la existencia de un nexo causal y, por otro, debe respetar la lex artis para valorar si la actuación del profesional es acorde a los criterios médicos teniendo en cuenta las normas recogidas en los protocolos vigentes.

En el post de hoy queremos profundizar un poco más en ese tema. Por ello, os explicamos cuáles son las partes de un informe pericial médico.

En primer lugar, el perito debe hacer constar cuál es el objeto de la pericia. En este caso, el perito debe delimitar el contenido sobre el que debe versar el informe pericial y quién nos lo ha solicitado.

De forma posterior, se deben estudiar y analizar los documentos para ver los pasos que se han practicado. En este sentido, se incluyen en detalle los procedimientos seguidos, su fundamento teórico o metodológico, valiéndose del conocimiento científico propio del perito especializado.

Por último, se deben explicar cuáles son los resultados obtenidos y se expondrán las conclusiones claras y concisas que resuman el juicio crítico anteriormente expresado en base a un análisis imparcial y adaptado a la información que se haya solicitado.

Aprovechamos para recordaros que estos aspectos sobre los informes periciales serán parte del curso previsto para el segundo trimestre de este año, de cuya fecha os informaremos en cuanto esté cerrada.

2017 arroja un balance positivo en lo relacionado con el baremo de daños sanitarios, ya que éste ha sido el año en el que se ha reactivado el proyecto y se ha constituido el grupo de trabajo que permitirá ir avanzando en el mismo.

Aunque el baremo está más cerca de ser una realidad, como anuncia el titular del artículo de Diario Médico, ello no supone en modo alguno que vaya a ver la luz de forma inminente. Aunque se cumplieran las previsiones más optimistas respecto al final del trabajo de los grupos de expertos (lo que está por ver), quedaría luego el largo y tedioso trámite parlamentario por lo que la fecha prevista del parto, dicho sea sin ánimo peyorativo, se acercará muy probablemente más al final de la legislatura que al de este año.

El director médico de Promede, Luis Bernaldo de Quirós, considera que, aun así, no importa cuánto tarde el baremo en nacer; lo que importa es que recoja las diferencias que hacen de la valoración del daño sanitario algo completamente distinto de la valoración por daño accidental. Porque, aunque se parezcan (al fin y al cabo son hermanas), no son iguales, por más que eso pueda resultar poco conveniente para una de las partes interesadas.

El daño sanitario no ocurre como consecuencia de un accidente sino como resultado del intento de curación de una enfermedad, por más que pueda ser equivocado, ni ocurre generalmente sobre una persona sana sino sobre alguien previamente enfermo y, por tanto, deben tenerse en cuenta factores que, como el estado previo, influyen en la relación causal y en la magnitud del daño. Y así, en la mayor parte de los casos, el daño no puede considerarse derivado en su totalidad de la actuación médica, sino que debe entenderse como una pérdida de la oportunidad de conseguir un mejor resultado del tratamiento.

Por todo ello, nos consideramos legitimados para esperar que el baremo sanitario que está por nacer no sea un gemelo de su hermano mayor y que podamos distinguirlos con facilidad, a fin de que podamos aplicar cada uno de ellos según sus peculiaridades, en beneficio del cálculo de la indemnización que cada caso requiere en justicia.