Madrid, 12 de mayo de 2026. – La ratificación del perito médico en sede judicial es un momento clave dentro del proceso probatorio. Aunque el informe pericial escrito constituye la base técnica del dictamen, es durante la ratificación y especialmente en el turno de preguntas donde se pone a prueba la solidez, coherencia y credibilidad del perito. Sin embargo, es frecuente que incluso profesionales con amplia experiencia clínica cometan errores que pueden debilitar significativamente el valor de su intervención. A continuación, repasamos los fallos más habituales y cómo evitarlos.
Uno de los errores más comunes es la falta de preparación específica para el acto judicial. Muchos peritos confían en su experiencia médica y en el contenido del informe presentado, pero no revisan en profundidad el expediente ni anticipan posibles preguntas de las partes. La ratificación no es un mero trámite formal: exige conocer no solo el propio informe, sino también los puntos controvertidos del caso, las alegaciones de las partes y los informes periciales contrarios. La improvisación en este contexto suele traducirse en respuestas vagas o inseguras.
Claridad expositiva y actitud en sala
Otro fallo frecuente es la excesiva tecnicidad en el lenguaje. El entorno judicial no está compuesto exclusivamente por profesionales sanitarios; jueces, abogados y otros intervinientes pueden no tener formación médica. Utilizar terminología excesivamente compleja sin explicaciones claras dificulta la comprensión del mensaje y puede restar eficacia al testimonio. Un buen perito debe ser capaz de traducir conceptos técnicos a un lenguaje accesible sin perder rigor científico.
Relacionado con lo anterior, encontramos la falta de claridad y estructura en las respuestas. Responder de forma desordenada, extenderse innecesariamente o desviarse del objeto de la pregunta genera confusión y puede ser aprovechado por la parte contraria para cuestionar la consistencia del dictamen. Es recomendable escuchar atentamente cada pregunta, responder de forma directa y, si es necesario, solicitar que se repita o aclare.
Un error especialmente delicado es la actitud defensiva o confrontativa. En ocasiones, ante preguntas incisivas o intentos de desacreditar el informe, el perito adopta una postura tensa o incluso hostil. Esto puede perjudicar su imagen de objetividad e imparcialidad, que es precisamente uno de los pilares de la prueba pericial. El perito no defiende a una de las partes, sino que aporta conocimiento técnico al tribunal. Mantener la calma, responder con serenidad y reconocer los límites del propio informe son signos de profesionalidad.
Coherencia, límites y comunicación no verbal
También es habitual incurrir en la incoherencia entre el informe escrito y la exposición oral. Cualquier contradicción, por mínima que sea, puede ser utilizada para poner en duda la fiabilidad del perito. Por ello, es fundamental revisar previamente el informe y asegurarse de que las respuestas en sala se ajustan a lo ya dictaminado. Si se detecta un error en el informe, lo más adecuado es reconocerlo y explicarlo con transparencia, en lugar de intentar justificarlo de forma poco convincente.
Otro aspecto crítico es la falta de conocimiento de los límites del dictamen pericial. Algunos peritos se aventuran a emitir opiniones jurídicas o a responder cuestiones que exceden su ámbito de competencia. Esto no solo puede ser objetado por las partes, sino que también puede restar credibilidad al conjunto de su intervención. Es esencial ceñirse al ámbito médico y, en caso de duda, indicar que determinada cuestión no corresponde al ámbito pericial sanitario.
La gestión inadecuada de la documentación es otro error frecuente. No llevar consigo el informe, pruebas complementarias o referencias bibliográficas puede dificultar la respuesta a determinadas preguntas. Aunque en muchos casos el expediente obra en autos, disponer de la documentación relevante permite al perito apoyarse en datos concretos y reforzar sus afirmaciones.
Por último, no debemos olvidar la importancia de la comunicación no verbal. El tono de voz, la postura, el contacto visual y la seguridad al expresarse influyen en la percepción del tribunal. A pesar de que las preguntas sean formuladas por los letrados, la respuesta del perito va dirigida al juez, que es quien debe valorar la prueba, siendo fundamental dirigirse (mirar) directamente a él o ella. Un perito que transmite nerviosismo o inseguridad puede ver debilitado su testimonio, incluso aunque el contenido sea técnicamente correcto.
En conclusión, la ratificación del perito médico en sede judicial es una fase que requiere preparación, claridad comunicativa y una actitud profesional equilibrada. Evitar estos errores habituales no solo mejora la calidad del testimonio, sino que contribuye a que el tribunal pueda valorar adecuadamente la prueba pericial. En un entorno donde cada detalle cuenta, la combinación de rigor científico y habilidades comunicativas marca la diferencia.


